La exposición propone un recorrido visual minimalista por los siete pecados capitales, utilizando la manzana como elemento conceptual. A través de composiciones austeras y una iluminación precisa, cada imagen despoja al vicio de su estridencia, convirtiéndolo en una reflexión sobre la naturaleza humana. La muestra invita a una contemplación íntima, donde la simplicidad de la forma revela la complejidad de su simbolismo. Una obra que demuestra que el pecado, como la manzana, puede ser fruto de inquietante belleza. La exposición consta de dos partes más, diferenciadas, una que explora los rincones de Girona y otra que predominan los espacios vacíos.
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