La serie explora la idea de lo marchito y el deseo de preservar la juventud. Las flores y plantas secas en cada fotografía simbolizan el proceso natural de marchitarse; reflejan no solo el envejecimiento físico, sino también el emocional, la acumulación de experiencia y la transformación interior. Las plantas están secas y sin vida, pero aún conservan belleza. Son bellas en su forma congelada, pero al mismo tiempo muy frágiles. La superficie difuminada, cubierta con diferentes sustancias, funciona como una metáfora de los intentos contemporáneos de ocultar las huellas del tiempo. Es una alusión a los filtros de las redes sociales, al retoque y a las máscaras que utilizamos para ajustarnos a los estándares de belleza y evitar aceptar los cambios en nuestra apariencia. El desenfoque también añade una sensación de fugacidad, fragilidad y distanciamiento, subrayando que estos intentos solo crean una ilusión temporal sin anular la realidad. Al crear estos retratos, hablo conmigo misma sobre
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